Por Leopoldo González
México, este país grandioso que no tiene comparación con ningún otro, vive entre el susto, el puchero, el pasmo y el sobresalto por las razones que todos conocemos.
Casi se podría decir que, debido al cúmulo de desgracias y tragedias que hemos vivido en siete años, México es el país del ojo tuerto social y el descarrile institucional.
El más reciente descarrilamiento fue el del Tren Interoceánico, el tren del Istmo, ocurrido el pasado domingo entre los poblados de Mogoñé y La Mata, en Oaxaca, que dejó como saldo 13 fallecidos y alrededor de 100 heridos.
No todo fue perfecto y encomiable en los gobiernos del pasado, pero el tren conocido como el Chepe, en el noroeste de México, que comenzó a diseñarse en 1876 y fue inaugurado en 1961, tiene 64 años funcionando y en toda su historia no reporta un solo descarrilamiento, ni una sola muerte ni un herido.
Hoy, la especialidad del equipo gobernante en México parece ser el descarrilamiento: descarrilar esto, descarrilar lo otro y aquello, para dar la idea exacta de que vamos en el mismo vagón del sexenio del descarrille.
Según informes oficiales, que obran en un documento de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), en 2019 y 2023 este organismo interpuso objeciones técnicas y topográficas y observaciones financieras a la obra, pero nadie en el legislativo le hizo caso ni le dio seguimiento al documento técnico.
En el sexenio anterior, se pensó que era lo de menos un documento de objeciones técnicas y financieras, y que además nadie, por ningún motivo, pararía una obra emblemática de la 4T.
Enseguida apareció un audio, de gran difusión nacional y que se hizo viral, en el que Amílcar Olán, socio tabasqueño del clan de los López Beltrán, refería que el balastro pobre del Tren Maya era un negocio y, profético, agregaba: “… Cuando se descarrile el tren, ese ya va a ser otro pedo”.
A los pocos meses del audio de Amílcar Olán, socio principal del impresentable Andy, el Tren Maya se descarriló por los rieles, estacas y durmientes de mala calidad instalados en él, produciendo heridas y contusiones leves en algunos pasajeros. En esa ocasión, también se pensó que era lo de menos, que un raspón no era cosa de vida o muerte y que nada ni nadie detendría la infraestructura gloriosa de la 4T.
En una de sus mañaneras, donde anunció que sería agilizada la construcción del Tren Interoceánico, el hoy inquilino de Palenque se mostró “¡contentísimo!” porque Gonzalo López Beltrán, (a) “Bobby”, otro de los juniors del obradorato, sin perfil profesional ni merecimientos en el ramo, sería supervisor de la obra, la cual -ahora lo sabemos- facilitó al clan una transa por más de 4 mil millones de pesos.
Antes de concluir la obra y el sexenio del patriarca del clan, se dijo lo mismo que en el caso de otras obras faraónicas: que era lo de menos si había impugnaciones técnicas de la ASF, si se usaba material pobre en las vías del tren y si alguien acusaba nepotismo en su realización, porque nada ni nadie pondría freno al rostro simbólico del México marrón.
El mensaje, tropicalizado para cada obra y decisión que en funciones de gobierno se tome hoy, es el mismo: es lo de menos si la metástasis de corrupción que vive México mata; es lo de menos si una obra mal trazada y peor ejecutada produce heridos y muerte; es lo de menos si alguien se queja legítimamente de esto o de lo otro, porque nadie está autorizado para detener la “fiebre de obras magnas” que vive el país.
En este tenor, da lo mismo que alguien se inconforme o no frente al deterioro que registran algunos temas sensibles de nuestra vida pública, porque la visión del partido gobernante es unifocal y no admite las ricas variables de la pluralidad.
De acuerdo con esa postura, es lo de menos si México se convierte, paulatinamente, en una República en descomposición.
En el mismo orden de ideas, da lo mismo si el partido gobernante deteriora al país al punto de transformarlo en algo irreconocible, porque al fin y al cabo nadie detendrá los trinos y fanfarrias delirantes de la Cuarta Trasnformación.
Pisapapeles
¿En verdad es “lo de menos” que el país cambie para mal? ¿Es deveras cuerdo el diseño de un país que va a la ruina? Yo apuesto por el primado de la racionalidad.
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