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2 agosto, 2025

Julio Barco: No somos concientes de nosotros mismos

Julio César Barco Avalos (Lima, 1991) es autor de los libros Me da pena que la gente crezca (Arteidea Editores, 2012), Respirar (La Chimba Editores-2018-Premio Gremio de Escritores), Arquitectura Vastísima (Editora Huachumera-2019-Premio Huauco de Oro), Arder (gramática de los dientes de león) (Editorial Higuerilla-2019), La música de mi cabeza-volumen 7 (Lenguaje Perú -Editores).

Actualmente es redactor de Literalgia y Lima Gris y gestor del proyecto cultural Poético Río Hablador, que desarrolla proyectos de poesía en El Agustino y dirige la web Lenguajeperu.pe. Obtuvo una mención honrosa en el XI concurso Poeta Joven del Perú (2020) con el poemario Semilla Cósmica. Nos concedió esta entrevista exclusiva que les comparto.

Miguel Tonhatiu (MT) Julio, gracias por la entrevista. Vamos a retomar la charla que tuvimos, en aquel aciago 2022, donde las protestas contra Dina Boluarte, fueron causa de una gran movilización en el Perú y se dio pie a una gran cantidad de manifestaciones poéticas, sociales, culturales y, por supuesto, políticas. Bajo esa premisa quisiera enmarcar la obra de Julio barco, en mitad de la multitud, porque yo siento que tu obra habla por la gente, habla también por el colectivo y habla, finalmente, por el yo poético (un yo de todos), ¿lo pensarías de la misma manera?

Julio Barco (JB) Recuerdo la entrevista, fue justo en el llamado “autogolpe” del presidente Castillo, que aún sigue preso. La indignación no disminuyó, al contrario, se puede observar de manera muy contundente en su desaprobación con el 1% a favor de su gestión. Pero sí bajó la protesta, porque simplemente la gente tiene que trabajar y no puede salir a gritar todos los días. A esas protestas se sumaron la de profesores, transportistas, y recientemente de los mineros. Por otro lado, las subidas de sueldo presidencial y demás acciones no hacen más que sumar más impopularidad. Bueno, sí, yo de alguna forma siento que mi poesía, mi literatura, ya desde hace tantos años empezó siendo ciertamente muy singular: muy mío, muy de lo que yo soy, muy de mi voz interna. Ahora ya pienso que mi voz no es solamente mía porque en el fondo pertenece a la cultura donde yo crecí y quiero recordar lo que decía el poeta alemán José F. A. Oliver: elijo solo las palabras /que ya me han elegido/ pronuncio solo aquello/ que he aprendido de vosotros. La poesía es un acto de mutua relación entre las personas. Trato de universalizar esta singularidad que es existir aquí en este Perú, en Lima, en una ciudad que se desborda. Mi voz es la voz de cualquier persona que observa siente y reproduce todas esas impresiones mediante la máquina del lenguaje. Sin embargo, creo que el tema con la literatura es que uno busca singularizarse, tener una voz (o voces) propia. Al inicio uno copia una o muchas voces, pero si tienes una tuya, finalmente, las otras se deshacen. Entonces se da la simultaneidad de algo muy tuyo y de todos. Creo que en la literatura la palabra se afirma para uno y para todos; y además creo que la literatura es el lenguaje más democrático: nadie es dueño de la palabra ni de sus límites y posibilidades. Yo creo que la poesía es un elemento de rebeldía, de liberación, pero también de autoconocimiento. La persona que escribe se pone un espejo sobre su propia mente y además permite que otras personas puedan verse sobre ese mismo espejo, lo cual incrementa eso que es sería la reflexión sobre uno mismo. Y esto va de la mano con el hecho de poder tener un pensamiento crítico sobre la realidad que vivimos. Ver y afectar el mundo de ahora. En el presente, se observa que no estamos viviendo para reflexionar, ni para pensar absolutamente nada. Es un mundo mediático donde no somos conscientes de nosotros mismos. Ese ser consciente de uno mismo es (creo) básico y ahí está también el trabajo de escribir. Ojo que este comentario va sobre las ideas que gravitan arriba de la escritura, pero la escritura misma es un desafío siempre.

(MT) De ese año es Arquitectura Vastísima un libro que estaba en ciernes en todo este proceso y esta convulsión social que de alguna manera dinamitó la política peruana. Es una pregunta obligada prácticamente: ¿qué tanto influyó el movimiento en ese libro?

(JB) En realidad, Arquitectura Vastísima se publica en el 2019 y es un libro que se marca dentro de otro contexto, que, en cierto sentido, también dialoga con la de Diana Boluarte. Y es que, si nos ponemos a pensar en la realidad política nacional, veremos que en la historia del Perú domina un dominó de corrupción: antes de Dina Boluarte existió un gobierno bastante frágil, y antes de ese otro, y así podemos llegar hasta los orígenes de la República. Todo es corrupción, robo, aprovecharse de la economía común y no pensar en hacer país. Arquitectura vastísima, galardonado con el Premio Huauco de Oro, un prestigioso concurso que se desarrolla en Cajamarca, conecta con la idea de la poesía peruana como una construcción que (como la política) es también concatenada: un museo de voces, sumergidos en nuestra coyuntura. Me interesó más pensar, que sentir: dialogar, hacer redes, es decir, columnas, dinteles, arquitecturas. Es decir, una arquitectura de la historia de la poesía, tan compleja como la de la política peruana. Porque si pensamos la política como una continuidad de corrupción, podemos ver la poesía como una lucha eterna por imponer nuevos lenguajes y sensibilidades. Pensemos solo en lo que escribió Mariátegui sobre la literatura peruana en Los 7 ensayos de interpretaciónArquitectura Vastísima una forma también de pensar el ser y su territorio; y cómo el lenguaje se ubica entre ellos, no solamente como un puente, sino como forma de clasificar y de significar las realidades. Por eso, mezclé la replana con lenguajes más cultos, usé un poco la onda de Conversación en La Catedral o de las escenas en los prostíbulos del Ulises de Joyce: diálogos y caos. Así esta Arquitectura […] también es la idea de la literatura como un quehacer que resulta una construcción (una máquina que hace posible los significados, según Verástegui): un programa que se ordena para crear una forma especial de lenguaje. La literatura como un sistema, como una concatenación de esfuerzos humanos de voces de retóricas, de cánones y de posturas ideologías. Como una arquitectura, sí, muy amplia, muy vasta, vastísima. En el territorio que habitamos las palabras combaten. Me alegra saber que actualmente se traduce al inglés y pronto será editada en Estados Unidos.

(MT) En la entrevista que otorgas a Ernesto González Barnert, para la fundación Pablo Neruda, mencionas que tu obra es oceánica que se expande forma justamente una acumulación acuosa ¿podrías ampliar un poco el concepto?

(JB) Sí, tengo una relación bastante cercana con el tema del agua: mi propio apellido es un vehículo que se moviliza por el agua y nací frente al Pacífico. Mi relación no es cerebral, sino intuitiva, sentimental y pensativa. Creo que el agua de las olas y como tal forman un lenguaje y creo que la poesía ese es otro mar todo es otro lenguaje humano que como el mismo mar se entrega a cada costa, a cada nueva situación y se rehace para volver a lanzarla. Martín Adán dijo que su alma era como esas olas. Ahí toda una metodología sobre el mar y la poesía que algún día se debería estudiar a fondo. Acuérdense de las obras de Huidobro, Martín Adán o la poesía de Blanca Varela y Luis Hernández. Heraud era habla más de los ríos que de los mares; pero en general la poesía peruana y el mar son muy cercanas. Hay incluso un librito sobre poesía peruana y mar, pero que aún no he podido leer, una antología bellísima que me encantó por el tema. Ahora pensé mi poesía como el mar viene también del hecho de generar una agrupación de olas en cada una de la de mis libros y generar una obra movible que de alguna forma se diversifique espero haber creado un pequeño marco en mi trabajo. Hay escritores que son pozos o ríos, o llovizna, y otros buscan acercarse al mar. Recuerdo que para el conde de Lautréamont el mar era lo más temible porque sus ojos no podían contener su totalidad. Ahora, generalmente se me asocia más al fuego.

(MT) Cambiando un poco de tema, hace poco apareció un libro acerca de tu obra escrito por Nicolás López- Pérez, que se titula Los ritos ardientes […] ¿Qué piensa un poeta como Julio Barco a sus 34 años?

(JB) Sí, se trata del libro Los ritos ardientes. Discursividades en la obra de Julio barco del imparable Nicolás López-Pérez, autor que reside en Padua (Italia). ¿Qué pienso? Me parece de una generosidad asombrosa. En estas épocas, donde nos regimos por el individualismo y el combate entre los escritores, esa mala onda de atacar por atacar a otros y hasta luchar en contra de su visibilidad, es muy generoso. Es una invitación a que más lectores conozcan mi trabajo y debo añadir aquí que su valor yace en su excelente prosa, que recuerda a un Octavio Paz con la sensibilidad de nuestro siglo. Además, se une a gente como Ricardo González Vigil Jorge Pimentel, Julia Wong, Miguel Ildefonso, Rodolfo Ybarra, Ángel Yzquierdo Duclós, Ladislao Plasencki , Armando Arteaga& et al. Ellos han defendido mis libros y la valía frente al silencio de ciertos académicos que se cierran en sus estudios culturales (sea de la vieja o nueva guardia) o se fagocitan en trincheras-epistémicas-antropológicas-etc, o de revistas que difunden solo las obras que venden las transnacionales (o de sus amigos y los amigos de sus amigos) y los diversos cenáculos siempre temerosos a ver más allá de sus ombligos. Lo cual también evidencia las formas en las cuales se mueve un poco la cultura poética en nuestro país. No digo nada nuevo. Generalmente, se ramifica en grupos que se parcelan y sintetizan y editan y aplauden y difunden y generan pequeños cenáculos que, finalmente, son los que se premian o, de alguna forma, crean espacios para moverse y difundirse. Todo esto es darwinianamente válido y muy válido porque tú sabes bien que el tema literario no se va a mover de forma como queramos, se mueve como en la jungla y no es ajena al libre mercado. Esto es la Feria del Libro en sus diversas versiones y las demás actividades culturales a lo largo y ancho (y ajeno) del Perú. Sin olvidar que eso es el territorio, ahora lo virtual también tiene otro poder y significación: ahí se disuelve el poder terrenal; y así puedo hablar hoy contigo en un medio de provincia, un espacio mexicano, donde ya tengo muchos amigos gracias a las redes sociales. No quiero irme del tema. Frente a todo eso, la obra del joven editor y profesor universitario es una luz en la neblina: un poco de emoliente con linaza y jugo de limón. No ha terminado de explicar muchas cosas que yo hago en mi literatura, pero sí es impresionante el nivel de panorama y nivel de visión que propone; porque, además, es un libro que funciona perfectamente como un ensayo sobre la poesía misma. Y si no lo saben todavía, les cuento: el tema más vital de la poesía es la propia poesía, pero no cómo algo etéreo y volado, sino en toda su carnalidad. Y todo eso ha sido una de mis grandes búsquedas en estos últimos años: el pensar la poesía más allá de una palabra bien escrita, más allá de los programas que imparte Montalbetti o cualquier autor de moda, más allá de modas que ya nadie sigue (como la alta Literatura), más allá de cualquier cosa, menos del canon peruano y latinoamericano y mundial: el pensarla como una filosofía como una sala en el mundo como una expresión que de alguna forma nos devuelve ciertas invisibilidades que nos afectan. En el fondo la poesía nos está hablando de nuestra realidad y afectando nuestra realidad. No se trata del juego bobo de escribir palabritas, es un tipo de ritual, y regreso al título del ensayo, ritos ardientes. No es un lenguaje quieto inmóvil pasivo, la poesía va al encuentro de las rupturas de los espejos de la realidad última del lenguaje. Al final de cuentas, el que “significa”, el que hace sentidos, el que hace literatura, está siendo arquitecto último de las identidades (en esto coincido con Giannis Ritsos). En ese sentido, el meterse a fondo mi trabajo literario resulta importante. Es un premio inesperado. Cierro los ojos y tengo fe: estoy seguro que se vienen más premios inesperados.

(MT) Ya con cierta madurez distante de algunos libros cuando te conocí del 2019 y 2020 manifestabas un ímpetu juvenil, ahora el homenaje, habla de una consolidación, ¿lo cree Julio Barco?

(JB) Al menos de mi parte no siento que me haya oficializado. Empecé a escribir no para pararme en un estrado y recibir aplausos sino como acto de rebeldía, porque me asfixiaba la hipocresía de mi sociedad, y necesitaba expresarme. La poesía no llegó tan rápido. Sigo en la calle, en mi deseo de expresarme a través del lenguaje y de mostrar un lado nuevo, un lado diferente, una construcción singular de la literatura. Me gustaría seguir pensándome como un eterno aprendiz, como alguien que se encuentra con la mente clara y aún con mucha esperanza y entusiasmo para continuar y seguir el camino porque, como decía Bob Dylan, todavía lloverá mucho. (Me encantó la versión de Patty Smith en la entrega del Nobel) Demasiado. En todo caso, no soy arribista: hay una tendencia en el Perú a volverse escritor para entrar a la clase más acomodada y venderles discursos bonitos, como una “onda urbana pero descafeinada”. Hay todo un campo de búsqueda de aprobación de digamos Vargas Llosa & Cía que nunca me tentó.

(MT) Actualmente se tienen en consideración los libros homenaje como un trabajo para los artistas plásticos, sin embargo también existe , en nuestro tiempo, la palabra curaduría para la obra poética; las barreras finalmente como artista van modificando la visión en esta curaduría que hace Nicolás López-Pérez acerca de tu obra y digamos también el pensamiento que detentas en algunos cuadernos porque también hace mención no solo de tu obra poética sino la novelística y por supuesto los diarios en suma, ¿cuál es el balance de esta curaduría para un poeta joven de 34 años en Perú del año 2025?

(JB) Como te contaba arriba, Miguel, la curaduría de López-Pérez es alucinante y creo que es el esfuerzo más sincero y valiente por mostrar mi trabajo. Yo me siento en una locura solitaria e incomprendido por mi propio medio. No hay en el Perú nadie que se atreva a leerlos todos (o siquiera consultarme de manera directa si de pronto puedo pasarle los libros; excepto el poeta Jesús Lévano, a quien le vendí todos mis pdfs) o los PDF para que los lean. Que una persona de otro país, un amigo chileno, profe de una universidad de Europa, se haya tomado el trabajo de no solamente comentarlo sino además expresarlos orgánicamente y mediante categorías es formidable. Recordemos que muchos escritores y pintores tuvieron apoyos de terceros para mover sus obras. Ahora, en este caso, hablamos de un reincidente. Pues, antes de sacar el ensayo, también editó Siete arengas populares, una suerte de pequeños fragmentos de todas mis entrevistas y artículos, también Made in Perú y Todo lenguaje es simiente. Todos pueden adquirirlos vía Amazon o enviándome un correo al Facebook.

(MT) Abordemos algunos de tus libros, en Me da pena que la gente crezca se cuestiona la virtualidad del amor en la era digital, la fragilidad de las relaciones humanas y la búsqueda de sentido en un mundo que parece desmoronarse. ¿Es un primer paso al abandono de la juventud?

(JB) Creo que Me da pena que la gente crezca es un poco la adolescencia que tuve, una adolescencia de esquinas y avenidas, en Seremsa, al Este de Lima, muy ligada a la música de Charly García, a la literatura realista de Vargas llosa y de otros tantos autores que dinamitaron mi cerebro de joven adolescente y además es también la búsqueda de un territorio donde se pueda evitar los moldes de la sociedad: ese ser y estar que propone la sociedad contra uno. Así, pierdes tu identidad y te vuelves parte del consumismo. Entonces esa inocencia tal vez al final solo la encontramos en el arte o en algunos pequeños espacios de ternura, y es la gran utopía el poder volver a esa infancia donde la imaginación domina nuestro mundo. Sí, ahora que lo pienso, de alguna forma Me da pena que la gente crezca cierre a una adolescencia que fue muy gozada y muy vivida, muy encarnada, acá en mi barrio. Y donde fue posible la ternura y la solidaridad, las palabras como fuego, el amor.

(MT) Siete arengas populares es lo último publicado donde se reflexiona sobre la cultura, el arte y la sociedad, junto con Petra y la guerra del agua (cuento infantil), han pasado 3 años. En el sentido creativo ¿sientes que son necesarios más libros?

(JB) A los libros que mencionas se suman otros nuevos como Chaufa o Cantar de Chancay que publicamos el año pasado o El viaje de Violeta que también es una obra infantil. En realidad, no he dejado de publicar desde que salió Respirar. No me siento agotado. Mis ideas siempre están frescas y abiertas y siempre tengo algo nuevo que añadir… lo que siento sí es un agotamiento más bien físico. Ya no tengo las mismas condiciones físicas para poder escribir durante horas. Estoy pensando dejar el ordenador y regresar al papel y lapicero… Antes, pongamos que, a los 20 años, podía pasarme 8 horas sentado, en trance, pasajero en trance, frente a una computadora con una nada cómoda silla y simplemente envalentonarme con un poco de café en polvo y con las ganas de escribir de manera febril. Mi objetivo con literatura es también contribuir a cambiar y contar la realidad (porque vivo en un país, en una ciudad, en un barrio donde hay tanto que hacer), pero, en relación a la escritura, me gustaría dejar una mayor constelación en la literatura no solo peruana sino también en la española. Tiempo y salud es lo que se necesita para hacer literatura. Yo creo que uno escribe en cualquier condición, siempre y cuando tenga comida y calma, paz y un poco de dinero y tiempo. Y creo que es una falacia pensar que cantidad no es calidad, ¿acaso Shakespeare no escribió más de cuarenta obras? (No, no me comparo con nadie, solo pongo un ejemplo). Disculpando a Juan Rulfo y Monterroso, soy del team de los prolíficos. Hay muchos temas: la literatura siempre se renueva y no tiene fin. Volviendo a tu pregunta, ya no soy ese Barco de antes que simplemente vivía desenfrenadamente cada instante, ahora también puedo conducirme de manera más acorde a un orden personal. Sin embargo, creo que voy a vivir muchos años más. Así que van a llegar muchas obras (olas) más de mi parte. Sueño con escribir mi pequeña una obra maestra que se sacuda la literatura universal.

(MT) Obviamente, con el tiempo, van cambiando las influencias, los gustos la manera de ver el mundo; hay una pregunta que me llamó mucho la atención de Ernesto González para la fundación Pablo Neruda sobre tus 10 canciones y 10 libros favoritos, supongo que en este momento todo eso ha cambiado (ya pasaron algunos años) , por lo tanto, la visión también se ha modificado, nos podrías decir cuáles son en este momento tus 10 libros favoritos y canciones favoritas.

(JB) (Invito a los que deseen conocer mis gustos musicales a leer la entrevista que mencionas). Seguramente no se conocen tanto por otros lados. Aquí van, en desorden.

Poemarios peruanos

El eterno morir de cada instante de Germán Carnero Roqué

Trendelemburg de Eduardo Borjas

Mashqa de Antonio Chumbile

Hablemos de mí mientras las hormigas devoran el sol de J. Stiven Medina

Pessoa en Wong de Julia Wong

Jardín de uñas de Jorge Pimentel

Manantiales en el desierto de Ladislao Plasencki

Dantes de Miguel Ildefonso

Balada de la rivera de los sauces de Óscar Málaga

Nigrublancu de Salomón Valderrama

Novelas peruanas

Vocación de Luis Hernán Castañeda

Vivir debajo de Gustavo Faveron

Incendiar la ciudad de Julio Durán

Guerra a la luz de las velas de Daniel Alarcón

Camino a las huaringas de Dimas Arrieta

La pálida de Alejandro Carnero

Bombardero de Cézar Gutiérrez

Nuestros años salvajes de Carlos Torres Rotondo

Revolución caliente de Rodolfo Ybarra

Puñales escondidos de Pilar Dughi

(MT) En tu quehacer creativo, ¿en qué trabaja ahora Julio Barco?

(JB) Actualmente, escribo una columna semanal en el Diario Uno. También sigo sumergido en un nuevo volumen de mi obra Los elementos y la segunda parte de la trilogía Gastronomía peruana.

Simultáneamente empecé mi tesis universitaria sobre cómo usar la obra de Verástegui en talleres de poesía para mejorar las competencias del área de Comunicación en los colegios de Lima Este. Y tengo varios inéditos, ya los conocerán.

(MT) Por último, ¿dónde podemos encontrar tus libros?

(JB) Pueden conseguir mis libros a través de Amazon, simplemente poniendo mi nombre o el título de uno de ellos. También pueden encontrar muchos de mi trabajo en páginas web como Google y a través de redes sociales (Facebook Julio Barco o Tiktok juliobarcoavalos) o bien directamente en mi fanpage Julio Barco. También los invito a buscar mi programa Café Barco en YouTube.

(MT) Muchas gracias, Julio Barco, por tu tiempo.