“Sé el cambio que quieres ver en el mundo.” (Mahatma Gandhi)
Hay tantas frases que buscan englobar situaciones cotidianas que a menudo olvidamos a que se referían y únicamente las incorporamos en nuestro vocablo con la única pretensión de decir algo cuando lo consideramos aplicables o incluso, hay quien las expresa cuando no tiene nada que decir.
Desde luego que tales usos son en los mejores casos; toda vez que pareciera que las lisuras, groserías o malas palabras han sustituido las razones y únicamente muestran al que menor vocablo tiene.
Ya no basta decir “cosa” para referirte a múltiples situaciones, sino que puedes poner la palabra de moda para hacerla verbo, sustantivo o sujeto y con ello, salir del apuro.
También hay que tener presente como la gente se refiere a las personas que están en estos supuestos con señalamientos tales como “tienen boquita de cargador”, “con esa boquita comes” o simplemente, los descalifican ante las limitaciones expuestas en sus léxicos.
Sin pretender emular a los dichos de los mayores, recuerdo que desde pequeño aprendí que “las vulgaridades nunca serán motivo de moda o alegría, ni mucho menos recursos legítimos en nuestras charlas” al hacerlas parte de nuestros hábitos; en el entendido que puede haber momentos que las justifiquen, sin embargo, no hay nada que valide su uso.
De hecho, ni tener mayor, menor o mediana edad o ser de determinado sexo, condición o posición debiera considerarse como permiso para convertirlas en una constante de nuestro diálogo.
Pareciera que el “así hablo yo” significara que se debe soportar las expresiones de quien está a nuestro lado, ante su indiferencia por buscar un comportamiento asertivo con quienes lo rodean.
En fin, es difícil que cambiemos o eduquemos a quienes están en su zona de confort o bien, que pidamos mesura a quien está lejos de mostrar interés en adaptarse a los modos de trato deseable para una sana convivencia.
En la literatura, hay tantas palabras y expresiones que su uso adecuado favorecen la claridad de los conceptos que se invocan.
¿Estás de acuerdo o consideras que no importan las expresiones cuando logras sacar lo que llevas dentro?
LA IMAGEN.
Si por mis manifestaciones públicas es la manera en que me conoce la gente, ¿éstas realmente me representan?, ¿soy lo que expreso?
En principio y siendo congruentes, la respuesta debería ser positiva; si eso es lo que queremos, bastaría que así continuáramos, de lo contrario, sería adecuado reflexionar y atender a los aspectos que no nos gustan y nos interesa mejorar.
Max DePree mencionaba que “no podemos convertirnos en lo que queremos permaneciendo en lo que somos”, lo cual, ya también había sido tratado por otros, tales como Andy Warhol y antes referido Gandhi, quienes sentenciaban: “si quieres que las cosas cambien, sé el cambio”.
Al leer esto, realmente nos damos cuenta de la gran oportunidad que cada uno tenemos por enriquecer nuestra conducta.
Todo empieza con un compromiso y de ahí resultan las acciones y actitudes necesarias para transformar nuestra forma de ser, entorno o situación.
Es cierto que quizás no todas las acciones dependan de nosotros, pero lo que es nuestra responsabilidad siempre requiere reconocerla, asumirla y actuar en consecuencia.
No cabe duda de que la transformación real inicia en nosotros y como tal, somos la causa de las consecuencias en nuestro ámbito. ¿Coincides con ello?
LO QUE BIEN SE APRENDE.
En la primaria nos hablaban del método científico, mediante el cual podíamos encontrar resultados verificables.
Los pasos en orden eran simples: observación, hipótesis, experimentación y conclusión; misma que al obtenerla, era tan contundente como innegable.
Si esto lo utilizáramos cada vez que no nos sentimos satisfechos de nuestro comportamiento o resultados y como parte de nuestra reflexión, podríamos alcanzar una madurez que nos llevará a conciliar con nuestra esencia.
Desde luego que la objetividad nos ayudará a identificar los sucesos, establecer premisas, comprobarlas con los hechos, hasta llegar a su adecuada interpretación. De ahí que el resultado pueda llevar a confirmar, modificar o rechazar lo vivido y en la medida que esto lo hagamos en forma periódica, nos dará elementos para un mayor crecimiento como personas y profesionales.
Es curioso, pero cada vez que alcanzamos un resultado pareciera que abrimos nuevas puertas que nos permiten un mayor conocimiento personal y de acuerdo con la madurez que tengamos, su aprovechamiento podrá ser óptimo, fluido y favorable.
Y señalo madurez como un elemento básico, en virtud de que se requiere una gran responsabilidad personal para construir la mejor versión de nosotros, haciendo efectivos los cambios que le favorezcan, junto con un espíritu que ame el cambio y permita la adopción de nuevas conductas.
Ni hablar de la valentía inquebrantable que nos lleve a eliminar la rutina. Con ella no hay lugar a conformarnos, no hay justificación para permanecer en la comodidad cuando se tiene la voluntad de generar un crecimiento constante.
Aunado a ello, siempre será grato contar con símbolos externos que nos inspiren a progresar, sin descuidar que también lo podemos ser para nosotros mismos. Si bien puede ser presuntuoso aspirar a ser referencia para otros, no hay que descartarlo y cuando podamos sumar, hagámoslo.
En fin, tener como meta ser una persona proactiva es entender que en este mundo somos seres de cambio … ¿estás dispuesto a ello?
LA IRONÍA.
Es curioso, pero lo que empezó como un texto para hablar de las expresiones se transformaron en líneas para alimentar nuestra esencia y ser mejores seres humanos en sociedad.
Sabemos que no basta con intenciones pues pueden quedar en meras pretensiones, debemos de esforzarnos por establecer objetivos y cumplir con ellos.
Al iniciar el año tenemos propósitos por lograr y conforme pasan los días, éstos se diluyen en fantasías que difícilmente serán recordadas al concluir el ciclo.
Si tan sólo estuviéramos convencidos que no hay cambio sin esfuerzo ni mejora sin compromiso, quizás podríamos avanzar en los objetivos trazados, sabiendo que cada mínimo logro representa un gran aliento para llegar al máximo.
Cuando nos damos cuenta de que la comunicación va más allá de las palabras y los gestos y que nuestras acciones pueden dar un mayor mensaje para nosotros y para quienes están a nuestro lado, entenderíamos que podemos ser más que uno sólo al construir castillos y arribar a metas distantes.
Entender que el ejemplo convence más que dichos o ademanes y que éste cuando es limpio no sólo muestra el camino sino en sí mismo irradia luz, es un elemento que incrementa nuestro valor.
Siempre hay elección para elegir entre hacer y deshacer, dar o robar, edificar o demoler, llenar o vaciar y especialmente, ser de valor o evadir la responsabilidad de trascender; sin duda las primeras implicarán mayor compromiso que las segundas, pero en todo caso siempre podemos lograrlo.
Pensar en quienes somos y establecer lo que anhelamos es hábito básico de quien busca algo más que sólo existir.
Sin duda alguna que cada quien tiene la posibilidad de alcanzar sus metas por más difíciles que sean y basta que lo desees y actúes en consecuencia para ello; todo nace de tu convicción por ser tú mejor versión de ti … ¿TE HAS COMPROMETIDO CONTIGO?
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