26 marzo, 2026

Un PAN para el ciudadano

Por Leopoldo González

La decisión del PAN, en voz de su dirigente nacional Jorge Romero, de abrir sus candidaturas en el país a los ciudadanos, es una decisión valiente, oportuna, visionaria y estratégica, tomando en cuenta que el único cambio de narrativa que puede ser exitoso en 2027 es ponerse del lado de los ciudadanos.

Una determinación como esta, en la que se subordina el interés partidista al interés ciudadano, es importante y estratégica porque los partidos viven su peor momento en términos de imagen y credibilidad, pero también, porque el desencanto y la desesperanza ciudadana van en aumento, ante el descrédito creciente de los partidos y los políticos tradicionales.

Hasta hace unos días, con partidos políticos rutinarios y con una mentalidad política oportunista y becaria, no se veía por dónde podía surgir un hilo de luz, un signo disruptivo, un gesto esperanzador o la señal de que es posible una vía alterna con posibilidades de éxito, frente a lo que ofrecen Morena y la 4T en el poder.

Hoy, con independencia de cómo fue y de qué le aportó el PAN al país en el pasado, este segundo capítulo de la refundación blanquiazul abre un nuevo horizonte de esperanza para México.

La decisión que comunicó Jorge Romero el sábado pasado, en la Alameda del Sur, ante políticos y personajes como Ricardo Anaya, José Elías Lixa, Maru Campos, Alessandra Rojo de la Vega, Kenia López Rabadán y Santiago Taboada, fue clara: “Hoy comienza una nueva era. La decisión de estas candidaturas quedará en manos de la gente. No habrá imposiciones cupulares ni candidaturas por cercanía o lealtad. La gente manda. La gente decide. Y punto”.

Veamos. Parece que el PAN le está tomando el pulso al piso social, y está viendo en él un fenómeno viejo y dos tendencias nuevas: el fenómeno es el hartazgo hacia los partidos políticos, por su patrimonialismo cupular y sus cleptocracias de uñas largas; y, por otra parte, las tendencias que ha visto el dirigente nacional a la altura de la banqueta, son inocultables: el lento pero vigoroso surgimiento de una ciudadanía activa y crítica que quiere candidatos ciudadanos y no de partido y, en paralelo, la afanosa búsqueda de candidatos independientes para los distintos puestos de elección popular, que no le deban el cargo a los grupos de poder ni a las camarillas partidistas, sino a las entrañas y a los sueños del contrato social.

Mientras en el PT y en el Verde “oportunista” de México ven las candidaturas y los puestos políticos como un vil negocio y un negocio vil, el PAN hace del ciudadano el señor de la República, según dicta la ortodoxia democrática.

Morena y su gobierno enfrentan hoy una fractura interna, entre obradoristas y claudistas y entre “duros” y moderados, cuya grieta se hará más visible y profunda de aquí al 2027, cuando una vez más las “encuestas” sirvan para disfrazar los “dedazos” de sus verdaderos centros de poder, fácticos e informales.

La 4T no puede darle clases de democracia a México, entre otras razones, porque nadie da lo que no tiene.

MC no acaba de convencer a los mexicanos de ser una opción de izquierda distinta a Morena, porque Dante Delgado y sus caciquismos interiores han impedido que el partido sea una auténtica socialdemocracia mexicana. Pero el ala democrática de ese partido, donde están Luis Donaldo Colosio y Clemente Castañeda, es una expresión interesante.

El PRI y el PRD están donde pueden estar: en la política como nostalgia del pasado y oficio de sobrevivencia. Si ambos se deciden, podrían ser algún día un referente del futuro de México.

La decisión inteligente, audaz y estratégica que ha tomado el PAN, la de ser de hoy en adelante voz y correa de transmisión del ciudadano y espejo de la sociedad civil, es una apuesta para sobrevivirse a sí mismo y una apuesta por el mañana, pero es algo más: una apuesta valiente y visionaria a favor de despartidizar el organigrama partidista; una apuesta a favor de una depuración y una liposucción burocrática del partido, para hacer de él un instrumento que ciudadanice el acceso al poder, la vida de partidos y la política en México.

Puede ser que no se aprecie ni se dimensione en todas sus implicaciones todavía hoy, pero el giro refundacional y estratégico que le ha impreso su dirigente al PAN, es tan profundo que podría hacer de él un instrumento con más, con mejor y con más duradera base social que Morena y la 4T, con una cualidad adicional: sus integrantes y funcionarios no serían siervos acríticos de una maquinaria clientelar, sino expresión digna y de avanzada de una estrategia para restaurar una democracia, no popular ni populista, sino una democracia ciudadana en México.

La apuesta panista de hoy recoge la historia, se inserta en el presente y podría ser el gancho de un porvenir posible para México.


Pisapapeles

Si el PAN se abre a que los ciudadanos hagan de él su boca, sus dientes y su lenguaje, lo menos que puede hacer el piso social es saludar con agrado e interés esa iniciativa de horizontalización política.

leglezquin@yahoo.com

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