29th

agosto
29 agosto, 2025

ARMANDO DUVALIER EN NUESTRO TIEMPO

Me siento a recordar. Recuerdo. Me ubico en aquellas tardes en medio del jardín de Aurora Reyes en Coyoacán, Ciudad de México. Todavía nos reuníamos ahí un buen grupo de poetas, pintores, músicos, dramaturgos, periodistas y faunas similares. Pero la tradición venía de muchos años antes. En ese largo compás de relojería. En ese entretejido de personajes, hubo gran intercambio de experiencias, de emociones, de sensibilidades. En aquellas tardes debajo de una magnolia sembrada en el centro del jardín por la poetisa y muralista, la gente entró en contacto con un personaje que iba a ser la piedra angular para la modernización de la poesía en Chiapas, Armando Duvalier.

   Fue mucha, la incomprendida audacia de Duvalier hasta el grado de crear la antipoesía, sin provocar con ello más que la indiferencia desus coterráneos. Cuando Duvalier conoció a Nicolás Guillén, al pie de aquella magnolia de Coyoacán, no pudo menos que quedar deslumbrado con los ritmos que ya sabía del cubano, pero que ahora tenía la oportunidad de escuchar de viva voz. Lo oyó, lo gozó, preguntó, y así fue como meses después, en la creatividad de Armando Duvalier, Nicolás Guillén llegó a Chiapas.

   Al fin poeta de la vanguardia, y al fin, ubicado el negrismo dentro de las corrientes de la vanguardia, Duvalier integró ese negrismo poético a sus experimentos literarios. Así –insisto- Armando Duvalier llevó a Nicolás Guillén a Chiapas. Así la poesía de Guillén abrió un nuevo ámbito en el continente, así fue que inauguró nueva casa.

Duvalier se instala negrista en Chiapas:

   ...Está quemando la noche

   la feria de Tonalá

   y se oye a los cuatro vientos

   la marimba, la marimba,

   marimbámbala, marimbambá.

una canción en patuá.

  

        No sé si ya estando Duvalier en Chiapas y habiendo retornado Guillén a Cuba en donde sus versos eran cantados ya por trovadores y musicalizados por autores sinfónicos continuó la comunicación entre ellos, ni tampoco si el poeta cubano conoció el trabajo del chiapaneco dentro de los renglones negristas, a lo único que me puedo referir es a que la poesía negrista de Duvalier se constituyó en otro de los importantes aspectos de lo manejado por él en su disposición hacia el vanguardismo.

      Guillén no lo sabía con exactitud, Duvalier sí, que en Chiapas existe un antecedente negro que procede de dos fuentes distintas. Una de las ramas de tal negritud tiene su origen en los esclavos negros que fueron llevados por los españoles a realizar los trabajos más pesados, historia que conocemos bien pues se extendió por todo el continente. La otra linda con los asuntos del misterio, pues varios de los primeros historiadores locales coinciden en afirmar que en Chiapas hubo negros desde muy antes de la llegada de los españoles (es decir, negros nativos) y que existían, parte de esto fue investigado en las enormes cabezas de piedra encontradas en La venta, en el estado de Tabasco.

   En Chiapas la mayoría de la gente es muy morena, pero no existen negros como en las costas del Golfo de México o como en algunos pueblos de los estados de Guerrero y Oaxaca. ¿A dónde fueron esos negros de antes (si los hubo) y de después de la conquista en Chiapas? Existen huecos respecto a ese tema en la región. Por ello la propuesta poética de Nicolás Guillén fue considerada seriamente por Duvalier; lo que los científicos y estudiosos no tocaban en Chiapas lo iba a tocar la poesía.

   Y la poesía cantó tambores.

   Sin embargo, con Guillén ya en Cuba, el trabajo de Duvalier en Chiapas no tuvo continuidad. Los poetas de ahí decidieron voltear hacia otros rumbos. Los caminos de la poesía son muy amplios. Pero en la historia de la literatura en Chiapas ya nadie podrá negar que a través de Armando Duvalier, Nicolás Guillén también vivió en esa llama y pródigo diseminó sus ritmos comburentes.

     Alcancé a tratar a mucha gente aquí evocada. A Nicolás Guillén ya no lo conocí, desgraciadamente. Alguna vez estuve en una reunión en la UNEAC, allá en La Habana (el era presidente de esa agrupación de artistas). Se trataba de una reunión entre escritores cubanos y mexicanos. Discutimos formalmente con varios de ellos, recuerdo: Onelio Jorge Cardoso, Luis Suardíaz, y otros de esa talla, pero Guillén, por razones de salud no pudo estar.

    Me hubiera gustado abordarlo en su tierra, hablarle de Aurora Reyes, de su casa en Coyoacán, hablarle de José Revueltas, de Rubén Bernaldo y sobre todo, decirle que él había estado en Chiapas, que junto con Duvalier había recorrido aquella vegetación ignínata, que con Duvalier se acercó a nuestros ríos y que cruzaron a nado sus sonidos. Y le hubiera recitado, claro que sí, aquello de “marimba, marimbamba, marimbambá”.

   En Chiapas había quedado, sin embargo, una historia sin conclusión. ¿Qué había pasado con la propuesta que Duvalier llevó a los escritores de allá? No se trataba de un asunto estrictamente poético sino de algo más amplio aún (si es que aceptamos que lo poético no es lo más amplio). Se trataba de encontrarnos por las vías del arte con la inquisición de nuestro pasado, de nuestros orígenes como pueblo y como cultura. Así lo vi y así lo entendí.

   Así lo vi y así lo entendí, por eso, después de muchos años y en conocimiento de todo lo aquí relatado, sentí la imperiosa necesidad de cerrar el trazo que Duvalier había abierto en Chiapas desde el latido del corazón guilleneano. Entonces volví sobre los pasos de la poesía negra (Duvalier no quedaría solitario en la aventura) y empecé a trabajar con ella, porque por lo aquí expuesto, sabía que se trataba de una tradición que también nos correspondía vivamente en Chiapas.

   En 1998, ya muerto Guillén, ya muerto Duvalier, el Instituto Veracruzano de Cultura publicó mi libro Négridas, en donde retomo la poesía de la negritud y la hago parte también de mi más entrañable trabajo literario. Con eso cerraba, a finales del siglo, lo que Duvalier había abierto a principios del siglo (en medio, nada ni nadie). El ciclo quedaba complementado.

  

Angus, las Angus,

   ¿en dónde están las Angus?

   ¿En dónde las Angus prendieron tambor?

  ¿De dónde hasta Huixtla?

   ¿De Huixtla hacia dónde?

   Congo morongo,

   negro colocho,

   congo colocho negro bocón;

   huesos de marimba,

   lumbre sobre el suelo,

   lumbre sobre el suelo,

   huesos de marimba,

   tambo que se cimbra,

   tamba del tambor.

   Congo morongo,

   negro colocho,

   lumbre sobre el suelo

   negro bocón.

   Angus, las Angus,

   ¿en dónde están las Angus?

   ¿En dónde las Angus prendieron tambor?

   ¿De dónde hasta Huixtla?

   ¿De Huixtla hacia dónde?...

   En otra parte del mismo “Négridas”:

   ...Que si esos negros antes que yo,

   ¡ay!, la memoria,

   que si esos negros fueron muy antes

   que la mi casa sobre las aguas,

   ¡ay!, la memoria,

   que la mi casa en las tempestades

   abriendo surco sobre la sal.

   Chiquirimbó chiquirimbá,

   que abriendo surcos sobre la sal.

   Chiquirimbó chiquirimbá,

   sobre este Chiapas de cafetal.

   Chiquirimbó chiquirimbá,

   truena dibujos de funeral.

  Chiquirimbó chiquirimbá,

   que abriendo surcos sobre la sal.

   Chiquirimbó chiquirimbá,

   abriendo surcos sobre la sal.

   Chiquirimbó chiquirimbá,

   surcos sobre la sal.

   Chiquirimbó chiquirimbá,

   sobre la sal.

   Chiquirimbó chiquirimbá,

   la sal.

  Chiquirimbó chiquirimbá.

   Chiquirimbó chiquirimbá.

   Chiquirimbó.

                        ¡Ah!

   Poco antes de que Aurora Reyes falleciera, en su casa de Xochicaltitla, a la sombra de la magnolia de la leyenda, nos reunimos con el compositor Juan Helguera. Esa tarde el guitarrista nos tocó su obra Sóngoro cosongo, (parte de su suite “Entre poetas”, las otras dos están dedicadas a Pablo Neruda y a Sor Juana)  su sensibilidad nos dibujaba una línea melódica de giros caribeños mientras que su dedo pulgar golpeaba sobre las cuerdas quinta y sexta como produciendo las síncopas de un tambor. Entonces Aurora Reyes evocó tantas cosas, la estancia de Nicolás en aquella casa; los versos de Guillén en la voz del propio poeta y de Rubén Bernaldo; el enorme amor que por Nicolás Guillén sintió la propia Aurora. Y escuchamos de nueva cuenta el Sóngoro cosongo de “Guillén-Helguera” y estuvimos citando fantasmas y poemas e irremediablemente me acordé de cuando Armando Duvalier llevó a Guillén a Chiapas.