El retorno triunfal de Rocha Moya
Rubén Rocha Moya pidió licencia al Congreso Local de Sinaloa, en el mes de junio de este año, después de que los fiscales del Distrito Sur de NY pidieran su cabeza y su extradición por los delitos de delincuencia organizada, huachicol fiscal, complicidad con el Cártel de Sinaloa, tráfico de fentanilo hacia EU, corrupción y otros.
Según la visión de Morena y la 4T Rocha Moya es un “político expuesto”, un personaje limpio, casi un querubín del santoral de la “izquierda” cuatroteísta y víctima de persecución política de la DEA. Encima de todo, es algo más que no podemos pasar por alto: una de las tantas encarnaciones posibles de la Soberanía Nacional.
Pero las audiencias -dentro de sus derechos- son pícaras, malentendidas y socarronas, y frecuentemente tienen “otros datos”. De aquí el famoso dicho: “Piensa mal y acertarás”.
En la enorme lista de descarriados del partido gobernante, según varios expertos en seguridad, Rocha Moya es una muestra del “garcialunazo” de la 4T, por razones que la opinión pública conoce.
Aunque el régimen se obstina en decir que no hay pruebas contra él y lo exonera de cualquier cargo, Morena y todo el país saben cómo llegó a la gubernatura, apoyado en las revanchas y disuasivos de una ´malandrocracia´ regional.
Si hemos de dar crédito a Don Vito Corleone, todo hampón tiene sus hamponcitos, y Rocha Moya y López Obrador tuvieron a los suyos: sus hijos, con grandes negocios al amparo del poder.
El asesinato de Héctor Melecio Cuén, rival de Rocha Moya en la UAS y en el control del Estado, la misma tarde en que “El Mayo” Zambada fue sustraído de México, es un asunto del que el gobernador en retorno podría dar amplias y detalladas explicaciones.
En el resumen, la sensación que queda sobre Rocha Moya y quienes lo alentaron a regresar al poder, es la de la tragedia de Hamlet: “Algo está podrido en Dinamarca”.
