En Morelia y Michoacán, no hay nada mejor que abrir una ruta ciudadana hacia el poder, para que el poder vuelva a representar los intereses del piso social.
Casi todos los partidos en México, con la excepción quizás de alguno de ellos, han sido secuestrados por los comerciantes de la política, las cúpulas y las élites, que han hecho del ciudadano una figura prescindible en los litigios y en el juego del poder.
Hubo un tiempo en el que la política y los políticos eran respetables o tenían cierta respetabilidad, porque no eran improvisados y la medida de sus uñas era la medida de su ética. Hoy está tan devaluada la profesión de político, pero tan devaluada, que sus sinónimos y referentes son lo rufianesco, lo atrabiliario y patán, lo ruin e ignorante, no ya la clase y el talento en el comportamiento público.
El desgaste de los partidos y el hartazgo ciudadano hacia los políticos oportunistas, son el mejor indicio y la esperanza de que estamos asistiendo a un gran despertar ciudadano, en el que cada uno nos haremos cargo de nuestras decisiones y tomaremos las riendas de nuestro propio destino.
El descrédito de los partidos y de los políticos es una buena señal y una oportunidad para que los ciudadanos que no se sienten representados en los puestos públicos, y que están hartos de que se los use como trampolín o carne de cañón, tomen la política en sus manos con una perspectiva de calle y de banqueta, para que no vuelvan a ser ignoradas ni las iniciativas ni las demandas ciudadanas.
Aquí y allá, en todas partes y en todos los rincones del país, los ciudadanos comienzan a entender algo: que el ciudadano no es propiedad ni de la burocracia ni del gobierno, y que no tiene obligación de aplaudir decisiones equivocadas.
Una filosofía de la acción ciudadana y una técnica de la protesta social se abren paso en cada centímetro del país, lo cual permite decir que el despertar que hoy vivimos prefigura una tormenta: se avecina en México un sacudimiento social de grandes dimensiones rumbo a 2027.
Lo que no es desgaste es decepción; lo que no es impotencia es desesperanza; lo que no es hartazgo es irritación a la altura del piso social. Por esto, nada hay más peligroso para un gobierno inepto y falto de tacto que provocar a un México encabritado. La fórmula es simple, y la prevé Michael Foucault en “Macrofísica y microfísica del poder”: quien le soba la melena al León puede terminar presa de sus garras y arañado.
A nivel nacional, con reformas legislativas y decisiones de gobierno antipopulares, el partido gobernante hace un esfuerzo sostenido por cobijarse la irritación de las masas, que no se sienten respetadas en su dignidad.
A nivel Michoacán, una reforma electoral anti-Sombrero unió a casi todos los partidos, quizás por miedo a lo que significa un mártir de la resistencia y el poder de un símbolo, cuando de ir de las calles y las urnas al poder se trata. El PAN y sus aspirantes, en este tema, quedaron muy mal parados ante la opinión pública.
Es curioso, y muy sintomático de la perversidad y la maldad de cierta izquierda, lo que sucede hoy: cuando los gritos y la protesta social eran contra otros gobiernos, eran democracia; y ahora que la protesta y los puños alzados son contra Morena, son apátridas y son provocación. Hace mucho que no había un grupo de poder gobernando al margen y contra el pueblo: hoy lo hay, y es color marrón.
En lugar de la violencia, que no es el camino porque exacerba las diferencias e impide que unos y otros hablen y escuchen, el tono de la lucha social debe ser el diálogo racional. El monólogo anula al otro. El diálogo mantiene las diferencias, pero crea una zona en la que las alteridades pueden coexistir, entretejerse y retroalimentarse.
La participación popular es importante porque habla de una sociedad viva. Pero la participación sin organización desde abajo equivale a entrever sin ver. La participación popular no tiene por qué traducirse en fanatismo, en asentimiento mecánico o en aplauso fácil hacia quien gobierna; bien puede manifestarse como diálogo, crítica o divergencia frente al mando vertical.
Creo que ha llegado el momento de multiplicar las asociaciones vecinales, los grupos de lectura y discusión a ras de tierra, las cofradías de vecinos vigilantes con el termómetro delincuencial y con lo que ocurre en gobiernos que se pasan de “uñas largas”, las organizaciones de defensa del consumidor y las que encabecen huelgas justas de impuestos, porque la sociedad tiene a un gobierno saqueador en su contra y le asiste el derecho a defenderse.
Con brasas vivas calentando el universo social, no hay nada más ciego e irresponsable que un aliento o un llamado a la violencia desde el poder.
Pisapapeles
Salvar a Michoacán y al país de quienes lo iban a salvar y lo quieren con miedo y oprimido, no será tarea de unos cuantos: es ya tarea de todos.
leglezquin@yahoo.com
