22 diciembre, 2016

CONCHA URQUIZA, UN CORAZON ACECHANTE

CONCHA URQUIZA, UN CORAZON ACECHANTE

 

                                                                         Por Margarita Vázquez Díaz

Aunque tu nombre es tierno como un beso
y trasciende como óleo derramado,
y tu recuerdo es dulce y deseado,
rica fiesta al sentido y embeleso;

y es gloria y luz, Amor, llevarlo impreso
como un sello en el alma dibujado,
no basta al corazón enamorado
para alcanzar la vida todo eso.

Ya sólo, Amor, perdido en tus abrazos,
cabe tu pecho detendrá su empeño:
no aflojará las redes y los lazos,

verá la paz ni gozará del sueño,
hasta que tenga paz entre tus brazos
y duerma en el regazo de su Dueño.

(6 de julio, 1937)

 

I

En Michoacán existe una importante tradición literaria con el sello distintivo de lo femenino en el ámbito poético, que, sin embargo, es poco conocida, ya que falta una exhaustiva compilación de la obra de mujeres escritoras de distintas épocas que en esa distinción de género permita visibilizarlas en su justa dimensión.

Existen en el estado, varias generaciones de escritoras que han aportado a una tradición literaria desde diferentes tendencias, con distintos lenguajes y herramientas,  aportando inquietudes poéticas muy diversas. Tenemos poetas de larga trayectoria, entre las más difundidas en los últimos tiempos se encuentra indudablemente nuestra Concha Urquiza, nacida en la primera década del siglo XX, pero están también Esther Tapia de Castellanos, poetisa del siglo XIX; también la zamorana Sara Malfavón, contemporánea de Concha Urquiza

La presencia de estas escritoras michoacanas también tiene que ver con el contexto personal en el que se desenvolvieron, sus específicas formaciones, tanto en el ámbito académico como el social, y hábitos lectores, así como por el contacto con su época y con las distintas transiciones de efervescencia literaria que, en mayor o menor medida, permeaban y que influyeron en el desarrollo de su obra.

A la mujer como ente creador, su mirada periférica de gata le ha permitido convertir sus saltos felinos en vuelos. Hasta un convento voló Sor Juana Inés de la Cruz o Santa Teresa de Jesús, o Concha Urquiza para poder expresarse, para crear. Hasta el desgarramiento voló Rosario Castellanos y Alfonsina Stroni para mostrarnos que por sus venas corría sangre enrojecida.

Ellas se encontraban en el filo de todos los convencionalismos, con la necesidad urgente de ser ellas a contracorriente, con una sensibilidad que las llevó a situaciones extremas, de laceración y tremenda desolación; donde ya no encontraron un eco de vida que las siguiera sustentando. Ante ese panorama optaron por la muerte para que sus letras siguieran viviendo.

No la tenían fácil, las mujeres de su época, eran educadas para interiorizar pensamiento y sentimiento; aprendieron a llorar, a lacerarse, a sufrir; pero estas mujeres de letras aprendieron que existían aguas más vitales por donde podían navegar, su vida puesta y dispuesta para ser un canal que contactó con la poesía.

Las fabulosas mujeres poetas que nos antecedieron tuvieron que librar una gran batalla contra la invisibilidad a la que estaban confinadas. Escribir o acceder a los libros (o ambos) fue un precio que muchas pagaron con sus vidas. Las tacharon de locas o de putas, cuando lo que en verdad estaban haciendo era subvertir un orden impuesto; son heroínas a las que les debemos rendir un tributo eterno por haber abierto camino para la consolidación de  la poesía escrita por mujeres. Y si, si existe una manera distinta de nombrar las cosas en tanto se ese hombre o mujer… Ampliándolo más, si, existe una manera distinta de nombrar las cosas en tanto se es único ser.

 

II

Miente mi corazón cuando te ama,
hecho intérprete fiel de mi sentido,
como el eco en abismo percibido
que el viento, no la voz, forma y derrama.

Este imperioso afán que te reclama
no en el centro del alma fue nutrido:
me ha turbado sin mí, como el sonido,
es ajeno a mi ser, como la llama.

Cuando la sangre el corazón satura
de sólo tu sabor -término medio
en loco silogismo de amargura-,

inaccesible al implacable asedio,
como trozo de plomo en agua obscura
húndese el alma en silencioso tedio.

 

II

Creo que Concha Urquiza, enarboló como nadie la bandera de la anarquía, para lograr saltar esquemas, romper barreras e ir más allá…

Se cita que la poeta “era muy desordenada en sus escritos, que escribía hasta en servilletas y que incluso llegaba a dejarlas, sin ninguna preocupación”. He escuchado y leído citar como alabanza y admiración “el genio de escritores varones que su impulso creativo les llevaba a escribir en donde fuera, así se tratara de servilletas o papeles sueltos”. Pero en Concha Urquiza “era distraimiento, desordenación de su espíritu”.

El maestro José Antonio Alvarado en la compilación que elabora para la Secum: “Junio, de lluvia y vestido” en el 2006 y editada por Jitanjáfora editorial, comenta que no logra convencerlo del misticismo del que habla el padre Méndez Plancarte… que puede “reconocer una nostalgia religiosa, y que él prefería considerarla como una sed ontológica que la obliga a ir y venir de lo sagrado a lo profano”.

Concha despareció, dicen que de frío incierto en el corazón, dicen que de amor. Lo cierto es que dejó una obra poética donde el misticismo tocó sus arterias y  su sensualidad.

En el año 2013 la Secretaría de Cultura del estado de Michoacán edita “Concha Urquiza y su obra”, una investigación interesante y muy puntual de la Maestra María Teresa Perdomo, entrañable diría yo, por las cartas, poemas de puño y letra de la poeta; entrevista al  padre Luis Manuel Guzmán, que es una de las últimas personas con las que  tiene contacto, antes de su muerte.

Se ha especulado sobre ese acontecimiento: que si accidente, que si un despropósito de vida para encontrar en el mar la calma. Que si asesinato.

 

La obra de la maestra Perdomo devela algunas circunstancias sobre su vida, como su pertenencia y salida posterior del partido comunista en el cual militaba.

La leyenda se extiende y Concha Urquiza es muchas en su corta vida:  la niña que correteaba sus primeros años por la calzada Fray Antonio de San Miguel y le gustaba le leyeran cuentos; la niña que es trasladada a la Ciudad de México tras la muerte de su padre. La jovencita a la que, siendo una púber de 12 o 13 años, le son publicados algunos poemas; su cercanía a la religión católica: se dice que comulgaba a diario; que tenía crisis nerviosas y que tal vez eran estas las que la llevaban de una aventura a otra.

 

Sublimada por una sensualidad  y un erotismo místico, Concha Urquiza tenía una avidez de saber, una avidez de deleitarse en la métrica y el verso clásico.

 

Primavera

Hoja a hoja la tierna primavera
el verdor de los campos restituye
y, desatado de los hielos, huye
el arroyo burlando la pradera.

Despierto ayer a la canción primera,
el salvaje gorrión el ala intuye
y por la luz que se derrama y fluye
sube y baja la escala pajarera.

Ya la amapola su fulgor deshoja
y el dientecillo su dorada pluma;
todo a la fiesta del color se arroja;

sólo en el claro azul, que nada bruma,
flota una nube desgarrada y floja
cual recinto brevísimo de espuma.

(9 de septiembre, 1944)

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