19 diciembre, 2016

Elena Garro: El temple de ser única e irrepetible: Teodoro Barajas Rodríguez

Elena Garro: El temple de ser única e irrepetible

 

Por Teodoro Barajas Rodríguez

Recientemente en el marco de la IX Feria Nacional del Libro de Morelia, se organizó una mesa a manera de homenaje a una de las escritoras más presentes en la historia contemporánea de México, en torno a la cual no pierde vigencia el debate: nos referimos a Elena Garro.

Icónica y auténtica, precisa y contradictoria, esos son algunos rasgos de Elena Garro; sus características estéticas bifurcaron entre las letras. El logos como destino alcanzable. Se le ha catalogado como la precursora del realismo mágico, ello tras la publicación de su obra principal Los recuerdos del porvenir, en la que sitúa a sus personajes, la familia Moncada, en los años cruentos de la Guerra Cristera que hizo brotar la sangre; por lo visto somos un pueblo en permanentes lances hemáticos: esto ocurrió en la década de los años veinte, entre el fanatismo de un gobierno jacobino y la intransigencia de la jerarquía católica. El saldo de esa guerra incivil resultó pavoroso.

En la obra de referencia cabe un reparto de protagonistas como el cruel militar Francisco Rosas que siembra muerte para multiplicar cadáveres mientras su corazón se prende de Julia, su querida. La atmósfera del miedo abarca un gran caudal en la citada historia, que parece cabalgar los prados del realismo mágico, incluso antes de Gabriel García Márquez y su obra Cien años de soledad, que se escribiría unos años después. Por ello se ha nominado a Garro como la precursora de esa corriente inherente al boom latinoamericano que nos hace invocar, incluso por inercia, a Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar o Carlos Fuentes.

Elena Garro recibiría el premio Xavier Villaurrutia por Los recuerdos del porvenir. Octavio Paz diría acerca de la citada novela: “es una de las creaciones más perfectas de la literatura hispanoamericana contemporánea”.

Elena Garro fue a contracorriente en más de una vez, evadió la comodidad del discurso fácil y coyunturalmente correcto; la sombra de Octavio Paz, quien fuera su marido, acaso eclipsó en parte la obra fecunda de Elena Garro. Para algunos la escritora fue contradictoria y enigmática, es mito y una crónica punzante que retrata y describe acontecimientos del siglo XX, tan brutales como reales, sin escapar a la ficción concebida en realidades tan vivas como la Revolución Mexicana.

En los tiempos convulsos de finales de los años sesenta, concretamente en 1968, los decibeles de la protesta estudiantil aumentaban en Praga, París y Tlatelolco, génesis de la ruptura; Elena Garro cuestionaba a intelectuales y mantenía comunicación con Fernando Gutiérrez Barrios; ello le costó señalamientos, en ese tiempo en que ella veía cabalgar al fantasma de la opresión. En aquellos años, que ya casi suman el medio siglo, Elena Garro cuestionaba y parece que fue infectada por el estrago de la paranoia.

Las aportaciones de Elena Garro permanecen en sus letras: son como el arco que en lugar de disparar flechas más bien proyecta palabras, para pegar en el blanco.

Alguna vez, ella escribió una cita que se advierte epilogal: “Aquí la ilusión se paga con la vida”.

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